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Quemar tus barcos

Pero… ¿Qué significa realmente "quemar tus barcos"?



Fácil.



Cada vez que vayas a hacer algo, haz lo mejor que puedas.


DE VERDAD.


Por ejemplo, si vas a hacer una cena con tu familia,


hazla como si no hubiera otra opción,


como si esa fuera la gran y última cena.



Darlo todo como si no hubiera retorno, entregar todo de ti.



Por ejemplo, cuando doy una conferencia


hago la mejor conferencia que he hecho hasta el momento.



Esta filosofía me ha ayudado mucho.



Otra de las reflexiones que hice fue sobre el dinero


y cómo la abundancia es un hábito no puede estar


determinado por nuestra cuenta bancaria.



Muchas veces creemos que no somos ya abundantes,


porque no estamos valorando, apreciando lo que tenemos enfrente a nosotros.



Si estás leyendo esto es porque tienes internet, un móvil, un ordenador.


¡Felicitaciones! Eres sumamente abundante.



Si dormiste anoche superbién y te levantaste hoy con vida, ya eras abundante.


Si tienes un plato de comida que te encanta, si puedes salir a caminar…



¡Ya eres abundante!



Poder apreciar toda la abundancia que en este momento te rodea


te pone en perspectiva para vivir tu día de otra manera.



Y para poder crear una mente abundante, una de las cosas que hay


que eliminar es la culpa.



Por ejemplo, en Navidades hay mucha culpa, sobre todo en enero.


La gente sale, hace compras en exceso y luego sale la culpa


y las restricciones posteriores…



Esto es algo que hay que evitar.



Por ejemplo,


yo no estoy restringida económicamente


porque yo no tuve excesos en diciembre,


y esto no se debe a que no compré regalos o no los cuento.



Sino porque ahorré todo el año para los regalos


y los autoregalos para mí, todo eso estuvo presupuestado,


así como también hacemos con las vacaciones.



Entonces, cuando llega el día después, no hay arrepentimientos ni culpa.



Tú puedes hacerlo todo y es mejor si lo haces de una forma planificada.



Pero antes de hablar de presupuestos y organización tenemos que hablar de mentalidad.



Tú tienes que trabajar tu mentalidad sobre el tema del dinero,


es decir, sanar esa relación.



Y el primer paso es erradicar la culpa de nuestra billetera


y de nuestra vida.



No puedes tener culpa por gastar el dinero que has trabajado todo el año


para juntar.



Entonces, ¿cómo empezar?



Te voy a dejar algunas reflexiones para que pienses…



Primero, ¿cuántas veces sentiste culpa en el 2023?


Encuentra varias ocasiones, haz una lista.



Y una vez que identifiques esas situaciones, indaga:


¿Por qué sentiste culpa? ¿Qué es lo que te da culpa?



Es importante que encuentres la razón que te lleva a sentirte así.



Para muchas personas, ¿sabes qué es?


A lo mejor tú eres la primera persona


próspera económicamente de tu familia.



Entonces, como tú no has crecido con ese patrón


de esa prosperidad económica, te sientes incómodo.



Y tal vez eso lo puedes resolver entendiendo la raíz de


tu angustia y compartiendo, no lo que te sobra, sino lo que ya tienes.



Si vas a un restaurante y te gusta, por ejemplo, como a mí,


el filete miñón, pues, invita a la gente que tú quieres a comerse


el mismo filete miñón que tú.



¿Me entiendes?



Esa es una forma en la que tú vas a poder darte cuenta


qué bonito es que tú crezcas y que hagas la paz con el éxito que estás teniendo.



Esto es solo el comienzo, pero tienes para ir destrabando tu culpa


y estrés con el dinero.



Y te dejo una frase que utilizo mucho.



Muchos expertos en finanzas te dicen


que cuando quieres comprar algo de impulso,


no lo compres, que esperes unos días para ver si todavía lo quieres.



Pero eso muchas veces no funciona, a mí me gusta más creer esto:


Si no lo puedes comprar dos veces, no te lo puedes permitir.



Así hice con un reloj que me compré para entrenar.


Me compré el mejor reloj que había en ese momento porque


estaba comprometida con hacer que correr fuera un hábito en mi vida.


Entonces me dije, si no lo sostengo, se lo voy a regalar a


alguien de mi familia, en la que hay muchos corredores, y le va a dar mejor uso que yo.



Pero quise el mejor.



Ahora, cuando lo fui a comprar, me lo podía permitir dos veces.



Si yo no me lo hubiera podido permitir dos veces,


me hubiera comprado otro que hubiera funcionado exactamente igual.



Entonces… Si no lo puedes comprar dos veces, no te lo puedes permitir.


Un abrazo,

Cintya Hernández

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